martes, 4 de octubre de 2011

Una pequeña anécdota "divina" que me pasó hoy

Resulta que iba yo a trabajar en el bondi, sentada -lo cual ya de por sí es bastante raro- y mirando tranqui por la ventanilla.
En un momento se sienta una señora justo adelante mío y empieza a hablar sola, diciendo cosas como... no recuerdo bien pero era algo así:
"Porque Dios es el camino, tenés que llevar a los chicos a que escuchen la palabra de Dios, el señor tiene algo que decirnos, tenemos que escucharlo".

Delirio místico, que le dicen.

En su diatriba, miraba a los pasajeros que estaban a su alrededor y les decía más o menos lo mismo. A veces les preguntaba cosas, y las personas se hacían las que no la oían, o miraban para otro lado. Todo para no entablar algún tipo de conversación con la enviada divina.

En eso, no va que la señora se da vuelta y me mira a mí. Y me dice algo -de nuevo, no recuerdo bien- parecido a esto:
"¿Vos escuchás la palabra de Dios, que nos dice que...?"

La verdad no me acuerdo demasiado bien qué fue lo que dijo a continuación. Sólo recuerdo que me hizo una pregunta, y que esa pregunta era referida a Dios.

La miré por unos segundos, y le respondí:
"No sabría decirle, señora. No creo en Dios".

Creo que fue un error confesarle mi no creencia. Para el caso, creo que fue un error responderle, pero bueno, lo hice. La señora en cuestión abrió los ojos como el dos de oro -entre indignada y sorprendida, no sé bien cual de las dos cosas más- e hizo un intento de arranque místico-aleccionador.
Nuevamente, no recuerdo bien sus exactas palabras, pero dijo algo como: "¿pero cómo no creés en Dios? El es el creador, el que tiene la palabra, el que..."

El que, el que... el que la mandó a usted a romperme las que no tengo en mi viaje hacia mi trabajo, básicamente.

Veía que la cosa venía para largo, y me faltaban unos 10' para llegar a destino. Así que, en un intento de cortarla, le dije algo que derivó en este pequeñísimo ida y vuelta:
Malena: Señora: ¿usted cree que todos los actos de Dios son sabios?
Enviada divina: Por supuesto que sí.
Malena: Bueno. Dios, en su infinita sabiduría, me hizo a mí no creyente.
Enviada divina: ...

Después de esto, la señora se dio vuelta y siguió hablando sola e intentando hablar con más pasajeros. Lo primero lo logró: se la pasó vociferando casi todo el viaje que compartimos, con un leve afloje al final. Lo segundo no lo consiguió: nadie le pasó ni cinco de bolilla, por lo menos no en el tiempo que yo estuve arriba de ese colectivo.


Pequeña anécdota, intrascendente.
Juro que verídica.
Y pequeño pensamiento derivado de la misma...
Quizás a veces es más fructífero -a efectos de cortar con una posible discusión- intentar hablar el mismo "idioma" con el que te habla el otro para terminar diciendo básicamente lo mismo pero con menos palabras.

Saludos